“En la contratapa se anuncia, citando parte del texto: “Aquí está, caro lector, tu dosis de rencor e intimidades: voy a contártelo todo al modo de un informativo, sin ahorrar en crímenes ni salpicaduras, sin imponer una sola distorsión a la materia. Esta vez será cien por ciento verdadera, cruenta, injuriosa, sexual.” Esta perfecta publicidad del texto que las tapas contienen sólo describe una parte del atractivo: el morboso, que lo hay. En cierto modo, recuerda a una Beatrix de Kill Bill, vejada y vengativa, de la que no se deben esperar apologías. Pero lo que la contratapa no dice es que todo ese arranque confesional sin-toma-de-prisioneros está mediado por un trabajo excelso con la palabra. Pocas veces se encuentra una prosa que se deje leer tan sincera, tan humana, y esconda detrás un diseño del fraseo y la cadencia tan virtuoso. No hay momento en que la novela no esté excelentemente escrita, y el placer de leer el arte de la palabra exacta, la frase agraciada (que a la vez fluye sin llamar la atención con excesos pomposos), se vuelve igual o mayor que aquel que promete la premisa.“
Sobre “Los daños materiales”, de Matilde Sanchez.
La reseña completa, acá.
