
“Un escritor que se enreda en los laberintos de su propia memoria; un joven estudiante que se convierte en best seller cuando luego de su muerte se descubre un manuscrito perdido; dos escritores compitiendo por una mujer a la que cortejan con relatos de ficción romántica y trágica; un cura perverso testigo de un milagro terrible; un hombre fascinado con una cámara fotográfica que lo conduce hacia un pasado inevitable; un amor de café y otro a la distancia; las confesiones de un posible traidor a su patria; instrucciones para recuperar amores perdidos y un chico algo chúcaro enamorado de su profesora, a la que intenta conquistar desde el internado en el que vive desde niño. Una tras otra, situaciones fuertes donde se juega la vida, el amor, la memoria y la muerte, cayendo como fichas de un dominó con gusto a azaroso e inevitable destino.”
-De la gacetilla de prensa de “Yo robé tu nombre”.
Estos días se han repartido en la presentación del libro en Capital Federal, breves charlas con gente encargadas de las secciones culturales de algunos diarios y revistas, y más importante aún: los primeros comentarios amontonados de la gente que ha leído el libro, ya sea directamente o a través de segundos.
Lo más interesante es la diversidad. Alguien me ha dicho que el cuento que lleva el nombre del libro no le gustó mucho, y otro que le pareció estupendo. Si bien la mayoría encuentra en “Antes que te olvide” un buen relato, una chica dijo haberlo leído al borde de las lágrimas, y otra que apenas le había parecido entretenido y punto. Para mi alegría, gente creyente tomó con humor e interés la ironía de “Deus ex machina” y una profesora de literatura me emocionó particularmente al preguntarme si podía leerles “El libro del muerto” y “La tangente” a sus alumnos de secundario. Sospecho que cuentos como “El enemigo” dependerán mucho de la interpretación que haga el lector (algunos lo vinculan a Hitler o Stalin, otros lo vinculan a la Argentina de Perón o de Kirchner). En la diversidad está el gusto, y uno, sentado acá y escuchando el eco de lo que escribió, no puede más que sonreír la variedad de interpretaciones y comentarios.
Antes de dejar una encuesta al respecto (a la que se puede añadir un comentario, si el lector así lo quisiera), transcribo algunos párrafos de la charla de presentación del 16 de Julio en Capital Federal (aunque una buena parte fue improvisada en el momento).
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Escribir cuentos, novelas, crear ficciones, es también una forma de ponerle un límite a la realidad.
La realidad está en todos lados: los medios nos dicen todos los días que la gripe nos va a matar, y si no es la gripe, serán ladrones, violadores, asesinos, y enemigos cualesquiera. Pero incluso si no son noticias de este tenor, también la realidad nos cuenta si salió campeón Vélez o Huracán y quién hizo el gol, y aparte quién ganó en Operación Triunfo y si se pelearon Moria y Susana.
Es obvio que la realidad forma parte de nuestra vida cotidiana, y que en su justa medida, es saludable, pero esa misma realidad sólo sirve como interpretación del momento mismo, del aquí y ahora. La gripe pasará, y ya habrá otras enfermedades, y otros campeones del torneo, y otros puteríos en la farándula. La realidad se recicla constantemente, y nunca es demasiado diferente de lo que ya conocemos.
La ficción, un cuento, una novela, tienen la lógica del enamoramiento: cuando se descubre un buen libro la realidad queda, aunque sea de momento, aplazada. Y quizás aún mejor, es decir, si el libro es muy bueno, resignificada. El enamorado, igual que aquel que está sumergido en una ficción atrapante, vive un momento de fascinación cuyo poder radica en la imaginación, que no suele ser tan estimulada por el dato frío de la información de los medios.
La realidad es interpretación racional pura de los sucesos, es información. La Real Academia Española nos dice que una cicatriz es “La señal que queda en los tejidos orgánicos después de curada una herida o llaga.” Por otro lado, el poeta y escritor Leonard Cohen, en su primera novela nos dice que una cicatriz es “eso que los niños muestran como medallas y los amantes como un secreto a revelar.” La Real Academia nos informa con un saber de una lógica previsible y didáctica. La poética definición de Cohen nos dispara, metáfora por medio, a un mundo diferente, poblado por sensaciones, percepciones y respuestas emocionales. Ambas son igualmente válidas, pero una tiene de su lado la belleza.
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Este libro tiene relatos que se hacen preguntas. A veces se disfrazan de certezas, pero siempre son preguntas. En uno de ellos se dice que “Todo amor, cuando termina, se lleva consigo un pedazo de nosotros, que cada amante refleja un color único en nuestra paleta y que nunca nos repetimos, ni somos la misma persona. Que nacemos, vivimos y morimos una vida nueva y diferente con cada amor. Pero llevamos esas agonías por siempre, agonías propias, inconfundibles, ineludibles y hermosas, de los amores pasados.” Por cierto, la Real Academia Española nos define amor como “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.” Este último, a mí, me suena un poco frío.
Y es por eso que escribimos, que leemos, que nos enamoramos y que todo eso tiene un arrebato emocional que los diccionarios no transmiten. Este libro quiere ser un asalto emocional más que revelar ningún dato. Nadie saldrá más sabio ni más culto por leerlo, pero en una de esas, encuentre cada lector un eco, una resonancia de sus propias vivencias, un escudo, que mediante la imaginación, por un momento resguarde de todo lo que es dato y cifra y estadística y certeza.
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Próximamente, presentación en la ciudad de La Plata, durante Agosto, en día y horario a confirmar.