Mil Palabras No Pueden Equivocarse

1 Julio 2009

La aventura de editar un libro

Archivado en: Candal, General, Yo robé tu nombre — juanmanuelcandal @ 17:54
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Y finalmente un día, el libro vio la luz, editado, en paquetes de dieciocho ejemplares, todos apilados en un costado de la editorial. En ese momento, uno de los encargados se me acercó y me dijo “Usted no lo vio todavía, ¿no?”. Un momento después, me entregó un ejemplar flamante del libro. Lo tuve en mis manos y antes que quedarme obnubilado, empecé a mirar que todo estuviera en orden, sobre todo las cosas que había corregido en la prueba de galera. Y luego, sólo fuimos el libro y yo.

Leerse a uno mismo publicado, en hoja de imprenta, en formato de libro, es muy diferente a leer el mismo texto en una pantalla de computadora, o en una impresión para correcciones. La palabra parece tener mayor dignidad, lo cual, por supuesto, es una ilusión: lo que no tiene peso propio, no lo consigue de prestado por un formato. Pero sí fue una aventura ponerme a leer algunos párrafos y sentirlos un poco ajenos, que es lo que ocurre cuando han salido al mundo definitivamente, porque ya han pasado por las manos de editores, diagramadores, imprenta, y finalmente, potenciales lectores.

Los errores que se hayan pasado, están plasmados para siempre. Las frases que se sientan poco agraciadas ya no tienen vuelta atrás. Pero a la vez, todo lo que se lee bien pareciera haberle robado un instante a la eternidad. Es vanidad pura, seguramente, pensar que uno puede morirse mañana, pero el libro seguirá estando, y sus ejemplares, vaya uno a saber qué aventura los llevará de un lado a otro.

Me interesan sobre todo los ejemplares que se vayan en manos desconocidas. Después de todo, uno calcula que su madre, su hermano o su primo mal que mal lo guardarán con cierto afecto. Pero me gusta imaginar las vueltas errantes a las que puede estar expuesto el ejemplar del que se hace un indirecto, alguien que no tengo mayor relación conmigo. Primero, porque es el lector ideal, ya que en su lectura no estará mediando el afecto ni será ésta complementada por una serie de ideas que se tienen sobre el autor. Un lector para quien el autor es un extraño es, en este instante, la persona a quien uno apunta.

*

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En otro orden de cosas, el libro tendrá su presentación oficial en Capital Federal el día 16 de julio a las 19.30 hs en el salón de la Editorial Dunken (Ayacucho 357, casi Corrientes). Allí podrá adquirirse, y para aquel que no pueda concurrir pero esté interesado, en el mismo local de la editorial lo venden en los horarios habituales de cualquier comercio. Para más información, véase éste link.

Está planeada otra presentación en la ciudad de La Plata, a confirmar. Antes de fin de mes, seguramente publicaremos aquí alguna crónica de lo ocurrido. Si es que aparece alguien, claro…

*

Fragmento de “Antes que te olvide” (incluído en la colección):

Esta es la historia de un amor. Es la memoria de un amor. Es el intento de preservarlo antes de que el tiempo se lo lleve con él. El nombre de él bien puede ser José. El de ella, Lucía. Pero ambos son todavía jóvenes, demasiado jóvenes. Acaban de besarse por primera vez: un beso torpe, atolondrado, producto de una noche casi surrealista.

Se encontraron por la tarde: cine y luego un café que resultaría en una charla de casi tres horas, y cuando, y cuando la noche había caído, él se ofreció a acompañarla a su casa. El camino fue tan sinuoso que trazarlo sería imposible; basta decir que pasaron por la puerta de la casa de los padres de Lucía al menos tres veces. Cada vez que lo hicieron alguien sugirió:

–Acá cerca hay un lugar que me encanta.

Se trataba de un edificio, de una plazoleta, de un bulevar; en cada uno de estos lugares, lo que en realidad encantaba a uno y a otro era la compañía. En un momento, cerca de la medianoche, pasaron por un supermercado cerrado, desde el cual llegaban sonidos extraños, monstruosos, rompiendo el contexto de la realidad lógica y previsible. Se acercaron juntos a investigar, pero no pudieron aventurar una explicación. Luego se detuvieron en una esquina oscura, tal vez para charlar del supermercado, tal vez para algo más. Lo cierto es que entonces el mismo edificio rugió, rugió detrás de ellos, lo que disparó la adrenalina y en consecuencia a ellos, que salieron corriendo, asustados y excitados a la vez. Cuando volvieron a ver el resplandor cansino pero familiar de las luces de avenida se detuvieron y estallaron en carcajadas sin necesidad de decirse una palabra al respecto. Cuando recuperaron el aliento, no tuvieron más que mirarse a los ojos para saber que aquel día no hubiera debido terminar jamás. Todo era mágico, de fábula, como si el universo hubiera hecho una pausa en su trabajo incansable de estimular la producción continua de realidad y un psicotrópico cósmico hubiera tomado las riendas de la noche. Y sabían también que ese momento debía terminar, el tiempo es finito, todo es apenas un transcurrir, por lo que aquello que les hacía vibrar tan genuinamente era causa ya entonces de una tristeza posterior imposible de evitar.

Entonces se besaron. Habrá quién recuerde que fue uno quién inició el acercamiento embelesado y tal vez el otro dirá algo diferente. Lo importante es que todo se concluyó con labios anhelantes, primaverales, que se encontraron sellando una esquina remota del universo. Luego el aire y el aliento húmedo de la noche en sus bocas. Tan sólo caminaron, caminaron de forma definitiva a destino y en el camino se besaron y abrazaron tantas veces como fue humanamente posible.

Lucía desapareció en las fauces de aquel edificio fastuoso que llamaba hogar y José decidió volver caminando a su tímido monoambiente, en parte porque la noche estaba estupenda y todo parecía radiante y llamado a la poesía. Y en parte porque no tenía ni para tomar ni un colectivo.”

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