Comencé, como casi todos los que no somos peruanos, a leer a Roncagliolo a raíz de “Abril Rojo”, la novela con la que ganó el Premio Alfaguara 2006. Una extraña conjura cósmica hizo que su thriller latinoamericano me resultara menos satisfactorio de lo esperado. Primero, el único Premio de Novela Alfaguara que había leído por entonces era “Delirio” de Laura Restrepo, un libro que encontré potente, de una contundencia insospechada, una voz hipnótica. Por otro lado, justo antes de “Delirio” había leído a otro escritor peruano, Daniel Alarcón, con su excelente novela “Radio Ciudad Perdida” (estos dos libros merecen respectivas entradas que en su momento serán redactadas).

La cuestión es que, a mi entender, “Abril Rojo” no tenía la rareza atrapante de la novela de Alarcón ni la pluma incandescente de Restrepo. El argumento sigue las peripecias del muy correcto Fiscal Distrital Adjunto Felix Chacaltana en Ayacucho, intentando entender las secuelas y los fantasmas de una guerra que no es la que figura en la prensa, o al menos, es otra versión, otro cosmos creado del cual lo que se conoce es apenas el eco distante. En realidad, esta es la parte interesante. También hay un thriller, donde el Fiscal sigue la pista de un asesino serial, y esta otra parte, que toma mayor relevancia sobre el tramo final, es la menos atrayente. Salvo, claro, que “El silencio de los inocentes” te parezca una película apasionante. Claramente, a Roncagliolo sí le parece. Incluso luego admite cierta influencia (muy patentemente identificable). Dicho de otro modo, el contexto histórico-novelado es mucho más sincero, se mete bajo la piel y se asimila con distante emotividad, pero el recurso del thriller de suspense es demasiado obvio y por eso termina volviendo a “Abril Rojo” una novela más, entretenida, por momentos divertida, escrita de un modo atrapante (Roncagliolo tiene el talento de escribir de modo que con sólo un par de párrafos la atención del lector sea completamente suya a voluntad), que tal vez pudo haber sido un gran libro y se ha perdido un poco por el camino.
Por supuesto, la novela, al ganar un premio semejante, ha tenido mucha controversia. Muchos consideran “Abril Rojo” una basura, muchos la consideran una obra maestra. Probablemente no sea ni una cosa ni la otra.

Enseguida tuve la suerte de hacerme con “Jet Lag”, interesado en el experimento del blog de autor. Resulta que durante el 2006 Roncagliolo había llevado un blog que luego se publicó como libro. En esta edición, se divide en cuatro secciones. La primera (hilarante, y la mejor) describe los países, ciudades y situaciones que el autor conoce a medida que viaja a presentar su obra. Es imposible escapar a la pluma ingeniosa y observadora que describe desde el sistema surrealista de transportes de Honduras hasta las triquiñuelas de los vendedores de Marruecos. Luego siguen otras secciones, una dedicada a gente prestigiosa a la que se cruza personalmente, una tercera en torno a libros y películas con los que se hace en su tiempo libre y finalmente una corta sección acerca del “efecto popstar” (contando los pormenores de ganar un premio como el Alfaguara y cuestiones circunspectas a esa temática y el impacto en él y su contexto).
Cuando Roncagliolo escribe diciendo “Yo” su voz tiene una fuerza muy seductora, es como si sus novelas fueran menos honestas, como si la voz que lleva sus ficciones estuviera menos relajada y segura. “Jet Lag” es el libro perfecto para leer de viaje a cualquier lado.
Luego leí su cuento “Un desierto lleno de agua”, incluido en la colección de escritores latinoamericanos “El futuro no es nuestro”. Ya escribí acerca de ese libro, y sólo comentaré por ahora que el cuento me resultó muy disfrutable (aunque una vez más, esa colección incluía un cuento de Daniel Alarcón, en mi opinión, superior).

Era hora de conocer a fondo la cuestión de Sendero Luminoso. Al menos ese me dije cuando me encontré de casualidad en una librería con “La cuarta espada”. Sé que muchos en su país no están de acuerdo con su mirada sobre este tema, lo cual no me importaba. No buscaba una Historia objetiva del Perú; por el contrario, me gustaba la idea de tomar un nuevo libro de Roncagliolo donde el narrador fuera justamente Roncagliolo. Diciendo “Yo”. Aquí lo encontré y su repaso, a base de reportajes, investigación y conclusiones personales, es de fácil acceso e imposible de olvidar. Incluso me llevó a repensar “Abril Rojo”, novela que me prometí releer más adelante con esta información incorporada. No sé si haya que creer que “La cuarta espada” es una visión imparcial, creo que es un muy buen libro lleno de incertidumbres y parcialidades paradójicas, algo que el mismo autor dice en sus páginas.

Era el momento ideal para tener algo de “Pudor”. Esta es la novela pequeña de este autor, la anterior a su galardonada “Abril Rojo”. Es un libro breve, menos de 200 páginas con cuerpo grande en la fuente. Una vez más, el ingenio para atrapar al lector estaba ahí: sus personajes son todos interesantes, miembros de una familia con algo que ocultar o que no están pudiendo compartir con los demás. Hay una madre que recibe anónimos pornográficos, un padre al que el médico le da seis meses de vida, un chico que ve fantasmas, una chica a la que la llegada de la regla la pone en contacto con su sexualidad y despierta una nueva mirada sobre su mejor amiga, un abuelo que quiere internarse en un asilo voluntariamente para estar cerca de una anciana que fue objeto de afición años antes, y finalmente, un gato ardiendo de deseo. La lectura es ágil, aunque por momentos, poco profunda. Algunas historias tienen una resolución previsible, otras casi no parecen tener resolución y tal vez una sola sea del todo satisfactoria, aunque esta es una opinión personal. En retrospectiva, “Pudor” tiene la semilla de todo lo mejor y lo peor de Roncagliolo: ahí está su talento y su ingenio y a la vez, esa especie de voz artificial que no termina de estar segura de lo que cuenta, que no termina llevar a la novela a un estadío mayor.

Estoy convencido que Santiago Roncagliolo será un gran escritor, al menos en cuanto a ventas. Esto no es una ironía. Ciertamente, sabe ponerse al lector en la palma de la mano y esto lo hace con oficio. Cuando en la Argentina se edite su nueva novela, “Memorias de una dama”, seré de los primeros en leerla, a ver si confirma esa gran novela que está latente en su interior, o por el contrario, es una ratificación de que el escritor se siente cómodo con lo que ha logrado hasta el momento.

Un párrafo aparte merece su colección de cuentos “Crecer es un oficio triste”. Previo a todo lo antes relatado, este volumen presenta diez cuentos de los cuales al menos la mitad son realmente magistrales. Todos tienen ese toque ya mencionado, esa capacidad de ponerse al lector de su lado, y como por momentos transita una pseudo autobiografía en algunos cuentos, puede utilizar su “Yo” real, que ya dijimos qué bien le funciona. No es fácil publicar una colección de cuentos que tenga cinco exponentes excepcionales del género, y aquí sí, por momentos encontramos que la ficción (quizás por su medido espacio) se maneja con un talento interesantísimo. “Lucas y los colores de la nieve”, “Una influencia criminal”, “Un desierto lleno de agua”, “El matrimonio secreto”, “Hospital” son disfrutables e impostergables desde el primer párrafo.
Es en uno de estos cuentos que se hace mención a Stephen King. Así es como en cierto modo veo a Roncagliolo: un Stephen King latinoamericano, de más estilo y menos volado, y una capacidad similar de ser su propio show host a la vez que miles de lectores casuales lo compran en los aeropuertos, con libros desparejos pero siempre entretenidos. Aunque Santiago Roncagliolo puede dar mucho más que eso, casi que estoy seguro.
*Pie de página:
-Texto de Santiago Roncagliolo
-Entrevista a Santiago Roncagliolo (cuarta espada)
-Entrevista a Santiago Roncagliolo (memorias de una dama)