“(…) querido lector; ven y mira, que aquí estamos: de espaldas al futuro, narrando el derrumbe.” – D. Trelles Paz.

“El futuro no es nuestro” es una antología de cuentos con el subtítulo de “Nueva narrativa Latinoamericana”.
Con prólogo y selección de Diego Trelles Paz, se establece como parámetros el rango entre los 1970 y 1980 como fecha de nacimiento de los autores participantes, algunos de ellos bastante conocidos a esta altura. Esto hace que todos ellos tengan cierto bagaje común (“nacidos justo después del mayo parisino del ’68 y de la matanza estudiantil de Tlatelolco, educados en el marco de dictaduras militares y testigos del derrumbe del muro de Berlín, la caída de la Perestroika y la dispersión de la Unión Soviética, el fin de la Guerra Fría, las invasiones a Irak, el desplome de las Torres Gemelas en Nueva York, los atentados terroristas en España y Reino Unido y la aparición de Internet.”) que de modo más soslayado o concreto, sobrevuela el hilo invisible pero férreo que hace de esta compilación un evento loable y de calidad pocas veces vista en una antología. El libro es cohesivo, contundente, manifiesto. Cada cuento es sintagma y el todo termina por superar a las partes porque la sensación imperante es que se asiste a un concierto a toda orquesta, donde cada pieza es interesante y es justamente el juego de complicidades y diferencias lo que hace tan placentero el leer todos y cada uno de los relatos.
Los 20 autores incluídos son: Oliverio Coelho, Samanta Schweblin, Giovanna Rivero, Santiago Nazarian, Antonio Ungar, Juan Gabriel Vasquez, Ena Lucía Portela, Andrea Jeftanovic, Lina Meruane, Ronald Flores, Tryno Maldonado, Antonio Ortuño, María del Carmen Perez Cuadra, Carlos Wynter Melo, Daniel Alarcon, Santiago Roncagliolo, Yolanda Arroyo Pizarro, Ariadna Vasquez, Ignacio Alcuri y Slavko Zupcic.
Cada lector encontrará sus gemas, y seguro, los listados serán diferentes. No hay aquí tres o cuatro cuentos que destacan y el resto acompaña como relleno. Los cuentos que destaquen serán los que tengan especial resonancia en la mente del lector, y por lo tanto, no tienen nombre propio.
Yo encontré particularmente gustosos los siguientes:
“En la estepa” con su juego de suspenso, algo de horror y cotideaneidad, y un elemento cuya misteriosa identidad escapa al lector inteligentemente.
“Variaciones sobre temas de Murakami y Tsao Hsueh-Kin”, un ejercicio en la forma y estructura de un relato que transita el mismo camino más de una vez para mostrar miradas diferentes (o tal vez perspectivas diferentes, sería más lógico decir).
“Pseudoefedrina”, acerca los encuentros y desencuentros de un matrimonio.
“Lima, Perú, 28 de julio de 1979″, relato sobre el inicio de actividades de un grupo terrorista que remite a Sendero Luminoso, deteniéndose la prosa en un momento muy íntimo y particular, cuyos protagonistas son un pintor, un perro y un policía.
“Un desierto lleno de agua”, que narra aquello que su autor dijo ya en el título de su libro de cuentos: Crecer es un oficio triste.
“Rapiña”, acerca de la violación de una niña, vista de primera mano por un vecino más morboso que empático.
“Una historia Cualquiera”, acerca de una mujer joven que deja su pueblo para no tener la vida miserable de las mujeres de campo y encuentra otra vida miserable en el anonimato de la ciudad.
“Sun woo”, sobre un escritor que se ve presa en Seúl de una mujer que lo secuestra por motivos sexuales.
“Espinazo de pez” es algo así como un relato lírico, una historia muy pequeña (incluso para cuento) que remite a la poesía y a los sentimientos que ésta expresa mejor que ningún otro género.
De un modo u otro, conversar con “El futuro no es nuestro” es una experiencia tan agradable que hasta devuelve la fe en las antologías de narrativa breve.
Para seguir leyendo: artículo de Página/12.